Consejo de David a su hijo antes de morir

“Llegaron los días en que David había de morir, y ordenó a Salomón su hijo, diciendo: Yo sigo el camino de todos en la tierra; esfuérzate, y sé hombre. Guarda los preceptos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y observando sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y en todo aquello que emprendas;” ‭‭1 Reyes‬ ‭2:1-3‬ ‭

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Consejo: 

  1. Esfuérzate y sé hombre.
  2. Guarda los preceptos de Dios.
  3. Anda en sus caminios.
  4. Observa sus mandamientos, decretos y testimonio.

¿Cuales serían los beneficios de ello? 

  1. Prosperar en todo lo que haga.
  2. Prosperar en todo lo que emprenda.
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“Hoy es un buen día…”

Por: Karen Pérez

Para esta fecha, 11 años atrás, mi vida estaba por dar una vuelta inesperada y muy necesaria. Pero voy un poco más atrás para que entiendas de lo que hablo. Nací en un hogar cristiano, en medio de una familia amorosa y temerosa de Dios. Pero a mis 4 años mis papás se divorciaron. Y fue en mi adolescencia que se reflejó el dolor que me causó aquel divorcio. El problema es que no había identificado que era dolor, y lo disfracé con rebeldía. Todo me molestaba, todo me hería, todo me era “indiferente”, nada ni nadie era lo suficientemente bueno, etc… Seguía en la iglesia, pero mi corazón estaba quebrado. Me enfoqué en mis estudios y me refugié en mis sueños—literalmente. Lo único que quería hacer era dormir.

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El tiempo comenzó a pasar y cuando fui a entrar a la universidad vi frente a mí varias puertas, u oportunidades, a las que nunca antes había sido expuesta. Y como ya era “rebelde” ante los ojos de todos, pensé que no tendría ningún efecto en la opinión de los demás lo que hiciera. Muy lejos de la realidad… Mi hermana dormía en el mismo cuarto que yo, pero era como tener un “enemigo” durmiendo conmigo. No podía explicar la rabia y el enojo que sentía contra ella, y simplemente le descargaba mi furia con palabras hirientes. Empecé a “cortar clases” en la universidad, tuve mi primer novio, me “rebelé” y aunque tenía temor de Dios y sabía que estaba haciendo las cosas mal, no me importó. Estaba viviendo una doble vida.

Mi meta era “escapar” de todo. Y para hacer el cuento corto, llegó un día donde literalmente vi una puerta abrirse frente a mí. Tenía por fin la oportunidad de hacer lo que yo quería y obligar a los demás a aceptarlo sin importar las consecuencias. Representaba dejar atrás todo lo que había aprendido y “predicado” antes. Todos los consejos, todos los recuerdos, toda la Palabra declarada sobre mí—la historia de mi vida pasó en segundos por mi mente. Y fue allí donde algo me sacudió por dentro y era como escuchar mi voz diciendo, “¿Qué haces? ¡Sal de ahí!” En el momento no entendí, pero hoy sé que era el Espíritu Santo hablando a mi mente y espíritu, y dándome una última oportunidad. Fue como ver el futuro al mismo tiempo. Me vi triste, sola, vacía, avergonzada, prisionera de la culpa y viviendo con las consecuencias de mis decisiones.

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Y ese día pensé, “¿qué será de mí?” Y recuerdo que en ese momento algo en mi mente y en mi corazón fue derribado. Una fortaleza que el enemigo había querido levantar con sus mentiras. El Espíritu Santo había comenzado a llenar un vacío que tenía, y que yo quería llenar con otras cosas. Ese día decidí empezar de nuevo. No sabía cómo hacerlo, pero estaba dispuesta a pasar por cualquier cosa con tal de regresar a los pies de Jesús. Y te confieso, ¡no fue nada fácil! Pero ese mismo año Dios me ayudó a restaurar mi relación con mi hermana—mi amiga, mi relación con mis papás, mi identidad y me ayudó a identificar aquello que necesitaba sanar y poco a poco ha ido trabajando con cada área de mi vida.

Si 11 años atrás me hubieran dicho que hoy sería pastora de niños, que mi esposo sería pastor, que mi relación con mi familia sería espectacular, que escribiría y grabaría canciones y que estuviera rodeada de amigos que son como hermanos, no lo hubiese creído. Pero así es Dios. Su gracia no se gana. Su amor no se gana. Su misericordia no se gana. Él simplemente la da, como dio su vida por nosotros.

Disculpa si te he hecho leer mucho. Ya termino. Sólo quiero que sepas que nunca es tarde para empezar de nuevo. Nunca es tarde para decidir regresar a los pies de Jesús. Te puedo asegurar que NO será fácil, pero valdrá la pena. Valdrán la pena las miles de lágrimas que tengas que derramar, la vergüenza que quizás sientas por cosas que tengas que confesar, el temor de acercarte a pedir perdón… Pero te aseguro también que Dios cambiará tus lágrimas en alegría, quitará tu vergüenza y te pondrá en honra y Su perdón te llenará, restaurará y levantará como nunca antes. Si hoy piensas, “¿qué será de mí?”, probablemente lo que necesitas hacer es confiar en Dios y salir corriendo a buscar ayuda. Sus planes son buenos, son de bien. ¡No tengas miedo! Hoy es un buen día para volver a empezar, y oro para que recibas las fuerzas, la valentía y el ánimo para decirle SÍ al Espíritu Santo y aceptar todo lo bueno que tiene reservado para ti.